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Testimonio de M.

Me llamo M. y desde hace tres años, mi hija y mi hijo asisten a la Escuela de Colores de EsCuela CreaCtiva. Como muchas circunstancias de la vida, llegamos a ella de manera casual, aunque yo estoy convencida de que no fue la casualidad sino que fue el destino el que nos llevó hasta ella.

Mis criaturas tienen 14 y 11 años y hasta ese momento estaban matriculados en un colegio convencional. Aunque para mí la Educación es un aspecto muy importante, la verdad es que, aunque me dé un poco de vergüenza reconocerlo, elegimos colegio más por un cúmulo de circunstancias favorables a nuestra dinámica familiar, que por la calidad de la educación o enseñanzas impartidas.

Una vez dentro del sistema educativo enseguida sentí que había muchas cosas que no estaban bien, que no encajaban en mi manera de entender la Educación. Por un lado, el sistema fallaba en aspectos tan básicos como el Respeto y la Escucha. Y por otro, en numerosas ocasiones los educares hacían valer su  autoridad con castigos (en muchas ocasiones grupales), amenazas y midiendo a todas las criaturas por el mismo rasero. Ahora, si lo pienso se me ponen los pelos de punta.

 Afortunadamente, mi hija mayor tenía dificultades con las Matemáticas. Dificultades que hasta ese momento yo intentaba limar, sin mucho éxito por cierto, pues además de no ser muy eficaz, nuestra relación como madre e hija empezaba a deteriorarse. Razón por la cual busqué ayuda y entonces conocimos a María. Tras largas y repetidas conversaciones supe que esa idea que me rondaba la cabeza de que otra manera de educar era posible podía materializarse delante de mis narices, y no dudé en animarla y empujarla para que llevara a cabo el proyecto que venía trabajando desde 5 años atrás.

Cuando iniciamos nuestra andadura juntas, nosotras como familia y ella como educadora y directora de EsCuela CreaCtiva, yo no sabía el gran impacto que esto iba a tener en nuestra vida familiar, mi vida de pareja y a nivel personal En este camino de cambio y aprendizaje, no puedo dejar de agradecer a la EsCuela CreaCtiva en general y a María en particular toda esta experiencia que de otro modo no habríamos tenido.

¿A qué me estoy refiriendo con esto? Lo primero que cambió fue la dinámica familiar, pasamos de estar toda la tarde agobiados con deberes, en un interminable: haz los deberes, vamos que es tarde, ponte ya a hacer los deberes, ¿cuántas veces tengo que repetirlo?“, a disfrutar unas de otras, a pasar más tiempo juntas, a jugar más… Todas estábamos más relajadas, más contentas, más felices.

Poco a poco fue cambiando nuestro lenguaje, la forma de resolución de los conflictos, nuestra forma de afrontar las dificultades. Las propias criaturas demandaban en casa el mismo trato que en la escuela. Aprendimos a escuchar de verdad, sin interrumpirnos unas a otras, sin ánimo de imponer, convencer o resolver, sino ayudándonos unas a otras a mirar las dificultades y los problemas de otra manera, observando nuestros sentimientos, los agradables y los desagradables, a ponerles nombre, a observar cuáles son nuestras barreras, qué podemos hacer para resolver las dificultades que se nos plantean y pedir ayuda a los demás si pueden hacer algo para ayudarnos. Y en ese camino estamos, porque requiere mucha observación y mucha práctica para llegar a dominar este hacer (que decimos en la escuela) tan diferente al que hemos recibido durante nuestra educación.

Por otro lado, el formar parte de un colectivo feminista, cooperativo y autogestionado, exige aprender también una nueva forma de relacionarse, de replantearte cómo has hecho las cosas hasta ahora, por qué ha sido así, y las ventajas de esta nueva manera de hacerlo. Yo siempre había hecho trabajos en equipo, pero me di cuenta de que sólo era eso, un equipo con distintos miembros en el que cada uno aportaba algo diferente. Pero no había una unión total, un deseo del Bien Común, no todos eran respetados por igual ni se consideraba la opinión de todos en la misma medida. Trabajar en un equipo donde realmente no hay jerarquías y en el que todos tenemos en cuenta a los demás en la misma medida, para mí está siendo muy enriquecedor.

La escuela ha conseguido removernos, como individuos y como familia. Nos ha sacado fuera de una cómoda situación en la que dejábamos la educación en manos de profesionales y seguíamos patrones de conducta aprendidos en nuestra infancia o aplicando un popurrí de métodos leídos aquí y allá, a tomar parte activa en esa Educación. Y no me refiero a los contenidos, sino a esa otra parte que es la que nos atañe a los padres: la de guiar a nuestros hijos en sus primeros años, escuchando sin imponer, solo tal vez aconsejar o sugerir, acompañarlos en los buenos y en los malos ratos sosteniendo sus emociones, enseñándoles a mirar qué está pasando y qué pueden hacer para aliviar, que no esconder, sus sentimientos.

Todas estas cosas me ha aportado y me sigue aportando la escuela, como persona, como madre… , en fin, en cada faceta de mi vida llevo lo que me ha enseñado la escuela.

Con todo esto quiero decir que participar en EsCuela CreaCtiva es mucho más que elegir una escuela para nuestras criaturas, es adquirir un compromiso de cambio, con uno mismo y con el colectivo, que aunque requiere un esfuerzo extra, la compensación lo supera con creces.

Desde aquí mi agradecimiento a María por dedicar su esfuerzo y su vida a la educación de las criaturas y al acompañamiento de las familias, con el único deseo de hacer de este mundo un lugar mejor.

Gracias.

Maisa