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Testimonio de P.

… Mapas mentales… Método científico… Montessori… Waldorf… Educación holística fueron según recuerdo, algunos de los muchos y variados términos que MG utilizó a la hora de ofertar la Escuela de Colores en una de las presentaciones que ella junto a otras expertas y expertos profesionales del equipo docente, expusieron en la Asociación de Vecinos de nuestro barrio.

Muchos de estos términos me sonaron a “chino” (otros todavía me siguen sonando), lengua que por cierto, mi hija Á. ha elegido para estudiar en la escuela como proyecto personal.

A medida que hablábamos con MG. íbamos descubriendo que frente al sistema educativo tradicional había otros totalmente distintos en sus contenidos y sus formas, que se adaptaban mejor a lo que nosotras sin saberlo queríamos para nuestras criaturas.

Frente a vocablos como «castigo», «deberes», «falta de respeto», «imposición», «incomunicación», «inmovilidad», «individualismo», «estudiar de memoria», «exámenes y notas», «no expresión de emociones», «machismo»… aparecían otros como «límites desde el respeto», «diálogo», «resolución de conflictos», «aprender a aprender», «imaginación», «colaboración», «proyecto personal», «valoración de logros», «aprecio y reconocimiento de emociones», «ecologismo», «feminismo»… Aspectos que como madre y padre, no nos planteábamos excesivamente a la hora de abandonar a nuestra hija e hijo en el colegio.

Esta dinámica cambió al conocer a MG. y su proyecto, y que en colectivo estamos llevando a cabo.

En pocos meses pasamos de la angustia, la hostilidad, la tristeza y el “no quiero ir al cole porque es un rollo” al regocijo, el afecto, la alegría y al “que rollo, ya es viernes y mañana no hay Escuela”. Esta última expresión es la que a nosotros como madre y padre nos hace pensar que hemos procedido correctamente desde el Amor y el Respeto hacia nuestras criaturas.

Aprender inglés escuchando a los Beatles, hacer un “autorretrato de cuerpo entero” utilizando el collage para representar el reflejo de las preferencias personales , expresar emociones a través del dibujo y la escucha de música, reconocer y vivir las emociones, descubrir que asignaturas como la lengua y las matemáticas están íntimamente relacionadas, utilizar la danza y la música como terapias, cocinar la propia comida cuyos ingredientes previamente se han adquirido y cuyas recetas se han confeccionado en menú, el respeto hacia los demás seres vivos (animales y plantas), son algunos de los ejemplos de esta Educación para la Vida.

 


Esta situación que parece de color de rosa lleva tras de sí un arduo trabajo cooperativo entre profesionales y familias que no se acaba en la Escuela, sino que continúa en casa. La “comodidad” del sistema no tiene cabida. No es el colegio el que educa a nuestros hijos y nosotras nos dejamos llevar por su impronta sin preguntarnos si esto es lo correcto para ellos. Términos como implicación y compromiso (me explicaba MG la diferencia así: «en un plato de huevos con beicon: mientras la gallina se implica; el cerdo, se compromete«) han tomado y todavía están tomando significado en el devenir y evolución de nuestra familia.

Todo ello conlleva una metamorfosis personal y familiar no exenta de esfuerzo, sufrimiento, conflictos y sin sabores. Pero cuyo fin último, es el crecimiento personal y familiar.

Quizá nuestras criaturas no sepan en el mismo momento que el resto cuál es la capital de Kenia (Nairobi, por cierto). Pero van a saber identificar emociones e integrarlas, vivirlas y sentirlas en su día a día y discernir sobre ellas; cocinar sus alimentos y aprender otras materias mientras lo hacen, y tener desarrollada su creatividad a través de distintas manifestaciones artísticas. En definitiva, creo que serán unas personas de provecho.

Intentamos dejar que sigan siendo durante el mayor tiempo posible “esos locos bajitos” que cantaba Serrat. Y cuando las agujas avancen en el reloj, aunque nada ni nadie pueda impedir que sufran, al menos que cuenten con las herramientas para mitigar ese sufrimiento; que decidan por ellos, que se equivoquen y que crezcan sintiéndose felices, que entiendo que es lo que todas las familias le deseamos a nuestras criaturas.

Pienso que estamos disfrutando hoy de la educación del futuro que en otros países ya es realidad, y que aquí todavía se desconoce.

Creo que el encuentro con MG. no fue casual. Llamémoslo Universo, Sino o Destino, quiso que la conociéramos y cambiase nuestras vidas al igual que puede cambiar la tuya y la de tu familia, amigo o amiga que ahora estás leyendo estas palabras.

testimonio-pedro